11 marzo, 2008

... solté la pluma y bastó un parpadeo para que al tiempo en que ésta caía a la mesa de trabajo, todo cambiara.
Ahora me da miedo hablar, siquiera susurrar, vaya expeler algún sonido; ya no soy más quien siempre he sido.
Estoy evitando hacer cualquier cosa pues, tan pronto lo hago, la maldita cosa cobra vida y lo apunta en la libreta. El miedo no es en vano... no quiero que esta historia llegue a su fin...