23 febrero, 2009
Cumpliendo con la exigencia memesca de Xenit, realizo la siguiente actividad:
"Abre tu carpeta de imágenes, localiza la cuarta foto, publícala y explícala".

Además de mi querida "Michelle", el buen "Garras" ha sido uno de mis (casi) imbatibles compañeros.
Llegó a mi por casualidad en los primeros días de enero de 2006, fecha en la que hasta entonces me había impuesto no tener mascotas dada la poca dedicación que le procuraría a un compañero de esa naturaleza.
Aquella noche, en la caseta de vigilancia, después de saludar a Don Fil, escuché los característicos maullidos y le pregunté qué hacía ese animal ahí, en esa caja. Tan luego el felino escuchó otra voz, calló.
---Híjole Lic., pues una vecina de la calle de al lado me encargó que le consiguiera un gato para su hija y aquí tengo a este, pero es la hora en que no vienen a recogerlo; se me hace que ya no lo quieren---
Mientras escuchaba esa razón, el animal ya estaba sujetado a una de mis manos al tiempo que me exploraba en silencio; acto seguido Don Fil también me hizo saber que el pequeño no se había callado en toda la tarde y aprovechó para preguntarme si me lo quería quedar y... no sé exactamente por qué, pero respondí afirmativamente.
Pasado algún tiempo me enteré que el animalillo había sido maltratado al grado que no salía a la calle, y era muy tímido para acercárse con nadie más.
"Garras" me acompañaba en muchas actividades en la casa, inclusive se ponía a mi lado a ver la manera en que escribía mis notas y arañaba esos pedazos de papel o se paseaba por enfrente del teclado. Siempre estaba atento a mis movimientos.
Especialmente creo que al condenado le gustaba ver cómo lloraba al ver ciertas películas; la toma que ahora les expongo fue en uno de esos momentos en que tuve que hacer una pausa.
"Garras" me dejó en noviembre del año pasado, en esa semana en la que decidió salir a descubrir lo que siempre miraba detrás de la ventana...