02 marzo, 2009
Esa tarde olvidé todo, bueno, CASI todo...A la entrada del tianguis unos "hermanos" cristianos invocaban con cánticos a Jehová no sé sin con el fin de que alguno que otro darky, punketo, skato, o cualquier otro miembro de la fraternidad se "conviertiese"; lo que si sé, es que se hacía tarde para recordar.
Llegué al fondo; ahí, en el escenario una ninfa bailaba al son de una guitarra melancólica mientras su hermana, al concluir los poemas que recitaba, soplaba al libro del que se valía y de sus entrañas expiraban plumas de colores.
Aquél perfomance dio paso a cánticos de otra época; "Iconoclasta" se presentaba con su sonido progresivo, ese que invoca a la secundaria, al conocimiento de los primeros cigarrillos vaciladores, a instantes de pelea entre AC/DC del lado de los "fresas" y a Kiss por lo que hace a los más humildes, a aquellos que vestían de chamarra de cuero y que no fallaban a la tocada de un tipo que había dejado a esas "tres almas en la mente" para ser (ahora) un icóno desgastado que profiere a su madre cuando está a cuadro para ser grabado.
Seguramente pocos de los ahí reunidos reconocerían sin sus baquetas al buen Víctor Baldovinos, quien se encargó en más de una ocasión de arengar a la comunidad para que, una vez terminado su acto, dejaran el escenario para dar un golpe de timón auspiciado por sonidos no menos amables.
Gurruchaga tomó el estrado... literal.
Nos llevó de la mano a otro lugar en el tiempo y el espacio; su presencia puede perdonar al inmisericorde equipo y sonido del que radio Chopo tiene que valerse (por cierto gracias carnal Marcelo) pero que más da, ahí estamos, unos más delante que otros, pero todos embobados por la presencia del maestro y su comparsa. Desde luego que parte de ella se refiere a Popotxo, el prácticamente inseparable compañero de la banda que hace de sus entradas un marco exquisito al son de su nada despreciable compañera.
El marketing también estuvo presente pues, como el mismo Javier lo apunta: de algo tenemos que vivir. Ahí estuvo Micky de Molotov...
Y también la aguardientosa voz del maese Jaime López...
Sonidos iban y venían ¿qué clase de droga nos fue suministrada? ¿qué demonios hacemos ahí secretando por los conductos lagrimales hiriendo nuestras gargantas y lastimando nuestros cuellos en infatigables contoneos?
Nuevamente la respuesta no se hace esperar: NO LO SÉ, NO LO SÉ, NO LO SÉ...
Lo que si sé, es lo que quiero de regalo, no importa que no llegue antes que temprano...
GRACIAS MAESTRO...
BONUS:



