Los viajes ilustran

24 septiembre, 2007

Prólogo

Lunes 10:00 Hrs. AM
Secre: Licenciado, Mr. McIrish en la línea
Mua: pásemelo
McIrish: Buenas, vamos a tener la conferencia a las 10 de la mañana hora de Nueva York ¿vas a estar?
Mua: (pus claro wey, ni modo que no) Claro, dame la contraseña.

Martes 13:00 Hrs. PM
McIrish: ¿están ahí Monsieur Navigant y Mr Silver? (bueno ¿este wey es tonto u qué?)
Navigant / Silver:
Mua: ¿ya están los contratos?
McIrish: Te los mando a primera hora (uta... de él, de Navigant o de Silver); ya tienen tus comentarios incorporados, nada más para que nos los devuelvas firmados.

Miércoles 2:00 Hrs. A.M.
Mail de McIrish: Aquí están los contratos ¿vas a venir por acá?
Respuesta: No lo creo, gracias a Dios tenemos mail, FedEx y Skype. Por la tarde te hago llegar los originales firmados.

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Capítulo I

Cuando recién empezaba en mis trotes laborales, los viajes por motivo de trabajo eran una de las joyas más preciadas, pues por la mente pasaba el conocer lugares de los que sólo tenía referencia por libros y (en los últimos años) por internet o el cable. Casi siempre iba sólo (para variar) y, para efectos de los empleadores, siempre era mejor irse muy temprano y regresar en la última corrida. No era tan malo, se conocía un poco de aquél lugar y se te podía llenar la boca de que estuviste por ahí.

Con el paso del tiempo, los viajes se extendieron y hubo oportunidad de ir a otras tierras “menos aztecas”; ahí comenzó la debacle.

Cuando vas a otro lugar en el que resultas ser el “invitado”, es poco probable que veas los sitios “feos”, pues siempre te habrán de pasear y/o llevar a comer a ciertos lugares, inclusive, delicatessen.

La neta parte de la pérdida del gusto por salir es que, primero, pocas eran las oportunidades de pasear y conocer otra cosa que no sean las oficinas a las que ibas a trabajar, el aeropuerto (duh) y los malls; segundo, hacer “turismo corporativo” tiene sus limitantes cuando vas sólo y con el tiempo limitado (salvo que te “acomodes” el viaje y puedas, con tus propios medios, disfrutar un poco más del lugar); tercero ¿para qué viajar tanto si los medios te permiten realizar algunas tareas con mayor ligereza y/o a menor precio? y, cuarto, cuando vas a muchos de esos lugares, xuale, la neta te dan ganas de quedarte cuando lo comparas con lo que te ofrece tu propia ciudad.

De entrada entre los caminos y medios de transporte que hay por allá y aquí pues, simplemente, no hay comparación, entre otras cosas.

Claro, no faltara quien diga que como México no hay dos (gracias a Dios!!!), pero la verdad es que lejos de la nostalgia cuando andas fuera de tu ciudad, lo cierto es que en poco ayudamos para engrandecer los recuerdos de algo que es posible que haya sido y que, probablemente, ya nunca será.

Estamos ensimismados sin reconocer nuestra realidad colectiva, pensando en primera persona, haciendo gala de un hedonismo desmedido y... y... y... por eso compañeros y compañeras, unámonos en esta cruzada libertaria!!! No más cadenas de opresión!!! Que caiga la tiranía!!! (xuale... el cambio de clima y la descompresión están haciéndose presentes... ya me toca mi valium).