18 junio, 2008
Coloque usted un esparadrapo alrededor del sujeto en cuestión; desde luego, procure que no pierda por completo el sentido. Hecho.
Bien; ahora refierase a él (o ella, en este punto el sexo es poca cosa), como el ser más vil que hubiera existido en el mundo, mmm... digamos, cercano y/o contemporaneo.
Siga expeliendo frases cortas, tajantes, recias y en voz alta, ah!!! pero eso si, evite cualquier otro contacto físico a excepción hecha del momento en que usted tuvo que colocar el esparadrapo. Huelga decir que el sujeto habrá de permanecer inmóvil en el área de trabajo, con la imposibilidad de que sus extremidades puedan ser utilizadas por su dueño de modo alguno, es decir, deberán permanecer debidamente sujetas, pero sin dañar el área de que se trate.
Tenga presente que el esparadrapo deberá ser lo suficientemente largo como para que cubra por completo la zona en que habrá de ser concluido el experimento. Quienes lo han realizado refieren que la mejor área se localiza, por lo general, en las partes superiores, es decir, del cuello para arriba, bien a la altura de la sien o entre las comisuras de los labios. Algunos otros prefieren zonas blandas como el abdomen y, hay quienes, más aventurados, de plano se las ingenian para que la zona erógena sea el motivo del festín (claro, por razón de la sensibilidad). Trabajar con las extremedidades inferiores no es mayor problema aunque considere que es una de las zonas en que mayor movimiento existe por parte del sujeto.
Amigo(a), también tenga presente en todo momento que aquí la víctima ha sido usted por lo que la misericordia (si es que comprende el concepto) deberá ser asimilada y/o dirigida, desde luego, de y a su persona; no piense en el sujeto más que como un objeto más, tal cual como el/ella le vió a usted en su oportunidad.
Ahora bien, resulta conveniente, para efectos de seguir manteniendo el control no sólo físico sino también psicológico, que haga saber al sujeto que, si profesa alguna religión (bien que la practique o no en la medida que sea), es momento en que comience a rezar sus plegarias... lo que sigue le resultará innombrable pero, hágalo...