A comeeerrrr !!!

15 agosto, 2007

Cocinar y comer es un placer que tengo desde hace muchos años; primero por necesidad, luego por gusto y luego... pus hay que comer para vivir (que no vivir para comer).

En el principio tengo memoria de esos exquisitos guisos de mi madre (los cuales aún degusto los fines de semana en su compañía).

Debo mencionar también que estuve “recluido” (en el buen sentido) en un medio internado y ahí aprendí el arte de comer a huevo todo lo que te sirvan en el plato para tener oportunidad de salir al patio de juegos.

En efecto, primero la sopa (tic, tac) ah? no te la acabaste? Ahí te va el arroz rojo / verde / amarillo / azul (se los juro!!! Arroz de colores!!! Según el día y el ánimo de la cocinera)... (tic, tac) Uy, que mal que no te lo hayas acabado, ahora toca tu guisado (el que no me gustaba era la famosa carne molida) y, apurate, si no no alcanzas postre...

Tal vez a ello se deba que, hoy en día, no me gusta dejar nada en el plato que me es servido y que me coma todo lo que me ponen enfrente (bueno, casi todo).

No me quejo, en general la comida no era mala y el “maestro Pepe” nos sambutía nuestra cucharadota de germen de cerveza que, según él, era la neta en complementos alimenticios (¿?).

Por su parte, mis abuelas (Q.E.P.D.) siempre hicieron de la hora de la comida un momento ideal. Una de ellas iniciaba el ritual sirviendo frutas frescas para que las tripas comenzaran a “distenderse” para recibir los alimentos. La otra, siempre daba ese toque de especias al platillo y simplemente no podías decir que no al mismo amén de que siempre daba gracias por la comida inquiriendo a los presentes a que, en ese momento, a la mesa, no se debía de discutir o proferir algún vituperio.

Por mi lado, como desde chico tuve que “hacerme cargo” de la cocina, buscaba en la alacena alguno que otro ingrediente secreto para que hubiera variedad en el guiso (porque eso de comer instant-ramen y bisteces fritos todos los días con Kool-Aid de piña.. pus como que no).

Así descubrí de los placeres de la mostaza, el vino, las almendras, el aceite de oliva, el ajo, la pimienta, la cebolla, etc., etc.

No voy a decirles que soy un “gurmet” ni que cocino como los mismísimos ángeles o que soy un sibarita, pero me encanta cocinar.

Ahora lo hago muy poco o casi nada (aunque soy el primero en ponerme el delantal cuando de carnes asadas se trata); la oportunidad que te da la vida ocupada hace que tengas en el refri ensaladas “listas para servirse”, así como “atunes a la lata”.

Bueno, les dejo, porque ya se me hizo “agua la boca” y ya es hora de comer.

¡!! PROVECHO !!!