15 agosto, 2007
Hubo una vez un ser que vivía de risas, de cantos y juegos. No, no era un ser salido de un circo, ni mucho menos uno que se pintaba la cara, se ponía la nariz roja y andaba con pisadas largas por los zapatos enormes que usaba.
Se trataba de un ser que, sin saberlo él mismo, existía por indefinición, es decir, era todo aquello que no podía, precisamente, definirse.
Andaba aquí y allá y subsistía inclusive en horas en las que mucha gente dormía.
Se dice que también se alimentaba de los sueños... pero esa es otra historia.
