Debrayando; la etimología que nadie va a creer

10 agosto, 2007

Hace muchos años, en cierta... mmm... bodega, supe que podía encausar parte de mi “divertimento” juvenil escribiendo obras de teatro (¿les dije que me encantan los gerundios?).

Aunque todas fueron expuestas en la preparatoria (incluyendo pastorelas) y el buen “Abuelo Sergio” (mi maestro del grupo especial de teatro Q.E.P.D.) me insistía en que le regalara una copia de cierto guión autografiado, una de ellas me tomó por sorpresa pues resumiría una buena parte de lo que ha sido la vida para muchos.

Trataba de una situación fantasiosa en la que los personajes (OJO, les estoy hablando de una obra escrita hace poco más de 20 años) eran más simples que comunes; un par de estudiantes que se sabían “feos” y que no brillaban en sociedad y que, menos aún, podrían llegar a concretar sus metas a menos que fueran, por lo menos, hermosos por fuera.

Así, el personaje masculino por accidente “creo” una formula que le convertía en un galanazo tipo Christopher Reeve; sus andanzas le llevaron a conocer a una chica “buenerrima” y, por azares del destino, él tuvo que confesar que en realidad era un “Sapo”. La historia concluye en que ella era la chica fea que había dádose cuenta de la formula en cita con lo que se resumía el argumento: todo lo bueno se lleva por dentro, no importando lo horripilante que estés.

La obra en cuestión tuvo por nombre “Los estudiantes DEBRAYAN y he aquí la que considero el origen y etimología de la acepción mencionada y que me atribuyo:

En aquellos ayeres era común oír de voz de los mayores (nacos o no), que tal o cual muchacho dio el “braguetazo”, es decir, que no había tenido la suficiente precaución y que de cierta parte de su anatomía no impidió que la vida fuera, dejando inseminada (aún sin saberlo) a la chica en turno.

Como algunos/as saben (y si no, valga la profanación), a aquella “terminación” evidente que distingue al sexo masculino del femenino (del pene pues) también es conocida en el mundillo como “la cabecita”; de esa anatómica parte se dice que los varones la usan más para pensar que la que tienen encima de los hombros.

El acto pensante es ejercido, a final de cuentas, por el cerebro y todo lo que él mismo conlleva, y aquí es donde casi nos acercamos al final de la “etimología”; en inglés, “cerebro” se dice “Brain”.

Bueno; para que no se oyera “tan grosero”, y pudiese usarse en cualquier “evento” sin temor a ofender a nadie, para decir en lugar de “dar el cabezazo” (o el braguetazo) empecé a decir que se daba el “De brain” (léase, por favor, en fluido y flemático inglés británico... “di brein”).

El terminajo fue “puliéndose” y llegamos al que ahora muchos/as utilizan: “Debraye” y que (según la definición de una Blogger de quien omito su nombre para que no se me ofenda), significa hoy día: “una palabra de uso coloquial entre mi círculo social y muchos otros que es similar al mal viaje, algo así como alucinar o azotarse; términos empleados por los adolescentes para referirse a los problemas existenciales que los aquejan por la edad y el entorno en que viven”.

Bien, no querría haber partido sin exponerles todo lo anterior, aunque ustedes no lo crean. Ya dije.